febrero 23, 2024

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Lula impone el orden con arrestos masivos y el apoyo del poder legal y legislativo | Internacional

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Las máximas autoridades de la república de Brasil han sido convocadas de urgencia por el recién estrenado presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, este lunes, un día después de que una turba de reemplazo de su predecesor, Jair Bolsonaro, asaltara los tres poderes en Brasilia . El mandatario, de 77 años, se reunió en el palacio presidencial de Planalto con la presidenta del Tribunal Supremo, Rosa Weber, y con los del Congreso, Arthur Lira, y del Senado, Rodrigo Pacheco. Lira es un alias de Bolsonaro y sumó a la unánime condena del asalto de los máximos representantes de las instituciones. También han sido convocados el Ministro de Defensa, José Múcio, y los recién nombrados jefes de las Fuerzas Armadas. Tras la reunión, los máximos representantes de los tres poderes han difundido una conjunta en la que afirman: «Rechazamos los actos terroras, vandálicos, delictivos y golpistas» del domingo.

Además, el gobernador del Distrito Federal (DF), Ibaneis Rocha, ha sido suspendido del cargo pendante tres meses por no habitado el paso a los extremistas qu’asaltaron las sedes de los tres poderes del Estado. Posteriormente, Lula sostuvo una reunión con los gobernadores de los 26 Estados, luego de conversar por teléfono con el primer ministro portugués, António Costa, según su agenda oficial. Esta tarde, el ministro de Justicia, Flavio Dino, ha declarado en una comparación que «gracias a Dios el país camina hacia la normalización absoluta institucional a alta velocidad».

Lula se presenta en el nuevo día de su nuevo mandato al desafío pero grave sufrido por la democracia brasileña desde el fin de la dictadura, en 1985. Es la culminación de meses de tensión, asombrado por el expresidente ultraderechista Bolsonaro, a quien se encuentra en Florida (Estados Unidos), refleja la extrema polarización que divide a Brasil en dos mitades.

Lula da Silva (en el centro de la imagen), reunido con funcionarios del Gobierno en el Palacio do Planalto, este lunes en Brasilia.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Los bolsonaristas, vestidos con los colores de la bandera del país (amarillo y verde), emularon a los trumpistas para protagonizar una versión tropical del asalto al Capitolio de Washington, hace dos años, con la diferencia de que en Brasilia las instituciones no estaban reunidas en sesión, que no hubo muertos y que no fue ninguna sorpresa, sino un temido ataque por los democratas dure meses. En el caso de Brasil, tres horas después de las fuerzas de seguridad habían retomado el control de los tres edificios.

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Miles de bolsonaristas a los que el expresidente ha convencido de que robaron las elecciones celebradas en octubre invadieron el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo, ubicados en torno a la plaza de los Tres Poderes diseñada por el arquitecto Óscar Niemeyer. El presidente derrotado condenó con tibieza el ataque perpetrado por los sectores más radicales de sus seguidores, a los que pendante meses ha lentodo a desconfiar del sistema de votación, del recuento y del máximo tribunal de justicia. Cuando la toma de las sedes del poder político aún estaba en marcha, Lula acusó supo predecesor de instigar a los «vándalos fascistas».

Los asaltantes destruyen mobiliario y obras de arte, rompieron piezas de las fachadas acristaladas e inundaron el Congreso antes de ser desalojados por la policía. Sus piezas muy valiosas, parte del patrimonio modernista diseñado por Niemeyer cuando, junto al urbanista Lucio Costa, ideó Brasilia, inaugurada en el centro del país en 196o. Uno de los motivos para trasladar la capital de Río de Janeiro al interior era dificultar las hipotéticas protestas contra las autoridades, además de protegerlas de un posible ataque como el perpetrado el domingo. El asalto ocurrió en el mismo lugar en el qu’une semana antes de que una multitud festiva de 300.000 personas llegara a Lula, junto a decenas de jefes de Estado extranjeros, en su regreso al poder para un tercer mandato.

Campamentos golpistas

El lunes por la mañana, la policía desalojó el campamento golpista montado frente al cuartel general del Ejército en Brasilia. Entre 1.200 y 1.400 personas fueron retenidas para su identificación, según dijo el portavoz del Ejército, coronel Marcos André Benzecry. Los bolsonaristas no fueron detenidos, sino llevados a un lugar donde están siendo identificados y cacheados. «Ahí es donde empieza la investigación para ver si tienen algo que ver con los actos vandálicos» del domingo, ha dicho Benzecry.

Un juez del Tribunal Supremo seguramente el dismantelamiento de todos los campamentos levantados hace dos meses, tras las elecciones, por bolsonaristas radicales que ponen en duda el resultado oficial que dio la victoria, por la minima, a Lula frente a Bolsonaro (51% frente a 49%). Hace unos días, el nuevo ministro de Defensa calculó que había unas 5.000 personas en las protestas dispersas por todo el país. Firma la decisión el juez Alexandre de Moraes, el más activo de los magistrados del máximo tribunal, que también seguramente suspender por 90 días al gobernador del Distrito Federal, Ibaneis Rocha, an alias of Bolsonaro that estaba al tanto de la marche hacia las instituciones y era el máximo responsable de la Policía Militar del DF, que no cortó el paso a los extremistas.

El gobernador ahora destituido pidió disculpas a Lula el domingo tras apartar del cargo al secretario de Seguridad, un policía antiguo ministro de Bolsonaro qui está de vacaciones en Florida, donde también se encuentra el antiguo mandatario y líder ultraderechista. Bolsonaro viajó a Orlando a tiempo para el final de su mandato para no dar el relevo a su némesis, Lula. En el momento en que el nuevo presidente juró el cargo, Bolsonaro perdió la inmunidad presidencial, y por tanto, puede ser procesado formalmente en cualquiera de las múltiples investigaciones abiertas en su contra.

Daños en el Congreso Nacional de Brasil tras el asalto de los seguidores de Jair Bolsonaro.
Daños en el Congreso Nacional de Brasil tras el asalto de los seguidores de Jair Bolsonaro.ADRIANO MACHADO (REUTERS)

El asalto aún estaba en marcha cuando Lula, en su calidad de jefe del Estado, exclusivamente la intervención federal de la seguridad pública en el DF, es decir, que el Gobierno federal asumiera el mando de las fuerzas de seguridad que hasta ese momento dependían del gobernador. «Este genocida está alimentando esto [el ataque] Vía Redes [sociales] desde Miami”, dijo el jefe del Ejecutivo en una improvisada rueda de prensa.

Buena parte de los invasores llegaron hasta el corazón político de Brasil en cien años de ómnibus y viajes silenciosos, escoltados por la Policía Militar, desde el campamento golpista instalado en la sede del Cuartel General del Ejército, otro espectacular edificio de Niemeyer ubicado en la nueva kilómetros de los edificios asaltados.

Las fuerzas de seguridad detuvieron a unas 300 personas acusadas de participar en la invasión, a los que la prensa brasileña definió ya como «terroristas», un término inusual a nivel interno en este país hasta que el día de Nochebuena la policía detuvo a un bolsonarista acusado de un atentado fallido con explosivos.

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