abril 16, 2024

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Momentos: Raül Balam, cocinero: «Yo pensaba que era un vicioso y hasta mala persona, pero estaba enfermo» | estilo de vida

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Un busto de Dalí, con una gamba roja en la solapa, llama la atención en la entrada de Moments, el restaurante de dos estrellas de l’hotel Mandarin Oriental de Barcelona dirigida por Raül Balam Rus nameda (Sant Pol de Mar, 46 años) , hijo de la popular y multiestrella cocinera Carme Rus nameda. Enseguida el cocinero muestra con regocijo el libro cenas de gala, que recoge las recetas preferidas del artista y su musa, y la minuta artística de su recien estrenado menú degustación, inspirado en esta obra. Está en el menú tópico décimo y la mejor demostración de que su creatividad no se acabó con el consumo de drogas, sino que desengancharse encender el motor de un nuevo Raül, capaz de sens, crear y vivir más intensamente que nunca. Así lo cuenta él en el libro Enganchado (Torque/Columna), donde reconoce que lo suyo una encerrada: la adicción. «Yo pensaba que era un vicioso y hasta mala persona, pero estaba enfermo», confiaba durante la entrevista a EL PAÍS y también en este sincero relato escrito junto a la periodista Carme Gasull Roigé.

El próximo 5 de marzo acumula 10 años claro como el cristal. Ni copa, ni porro, ni raya. No se permite nada que recuerde a todas aquellas sustancias que le consumieron. No toma ningún guiso que lleve alcohol, ni siquiera un cóctel sin alcohol o una cerveza 0.0, tampoco vinagre. «El cerebro tiene memoria y si yo cedo a tomar una Rustido [asado] donde se ha usado alcohol no pasaría nada, pero eso se quedaría en mi mente”. Ha aprendido que la adicción «es una enfermedad, no tiene premio, espera…», así que la única manera de no recaer es volverse muy estricto, impidiendo tomar cualquier cosa que se relacione con la adicción y alejándose de las personas y el modo de vida que le llevaron al infierno.

“Yo soy adicto hasta a aquellas sustancias que no he probado, porque el cerebro no distingue, solo piensa en colocarse”, aclara. Lo que empieza como un consumo de alcohol tolerado, y hasta aupado como modo de diversión, puede acabar con una grave adicción que domina tu vida y se convierte en una pesadilla. «Te quedas solo y sucio, vives como una bestia». Así fueron sus últimos días enganchado al alcohol, la cocaína y los porros. En soledad, colocado en su casa de Sant Pol de Mar (Barcelona), moviendo muebles de arriba para abajo y apurando collillas bajo los efectos de la cocaína, durmiéndose a las seis de la mañana, cuando el despertador estaba programado a las ocho para ir a trabajar. Hasta que su hermana Mercè y sus padres se plantaron en su casa, una visita que le salvó.

El día que pudo reconocer delante de su familia que tenía un problema, y ​​muy gordo, fue de lo más embarazoso. Recuerda que se fundía en la vergüenza, pero allí empezó su camino de recuperación. Como se informa en el libro, estuvo tres meses ingresado en un centro de desintoxicación y vivió un año en un piso tutelado con compañeros que también estaban en tratamiento. Allí aprendí que la adicción es una enfermedad y que se puede curar, pero que siempre va a ser dicto, por eso no se puede permitir ni un desliz.

Raül Balam unas horas antes del servicio en el restaurante Moments, en Barcelona.
Raül Balam unas horas antes del servicio en el restaurante Moments, en Barcelona.Carlos Ribas

Cuando está a punto de marcar a tinta una línea más en su cuerpo, la que grita 10 años claro como el cristal en el tatuaje que lleva en el dorso y que muestra orgulloso levantándose el jersey, Balam cuenta que no se va a cansar de contar su historia si puede ayudar a alguien que esté en la misma situación. Como decía mi madre, la adicción es una pandemia mundial. Todo el mundo tiene un familiar o un amigo que se pasa de la raya en las fiestas dejando ver que tiene un problema con el alcohol u otras sustancias. Pero, en general, se mira hacia otro lado. «Aún es tabú, lo vivimos de espaldas, no le ponemos el número, hablamos de aquello, del problema, no tomamos el toro por los cuernos», argumentó, convencido de que hay que poner las adicciones encima de la mesa. También la adicción al alcohol, socialmente mucho más aceptada.

Él mismo reconoce que llegó al centro de desintoxicación creyendo que su problema era la cocaína, y allí escuchó que también estaba enganchado a la bebida. Tuvo que dejarlo todo de golpe, menos el tabaco, y tomar cada día Antabus, un medicamento contra el alcoholismo crónico. Aunque hace tiempo que lo dejó, todavía guarda una caja en casa. La tiene allí, en su santuario, donde no entra ni una gota de alcohol, como recordatorio de su enfermedad: «No hay ni problemas ni culpable, la adicción es una tara en el cerebro». Este es su aprender. Consiguió salir con el apoyo de su familia y el acceso a la clínica privada Hipócrates. No todo el mundo se puede permitir un tratamiento tan costoso, reconoce, y vindica más recursos públicos para tratar las adicciones.

Así como el Antabus le recuerda su enfermedad, no esconde que cada vez qu’entr en un cajero automático y ve cartones de algún indigente siempre le viene a la menta que podrían ser sus cartones, si hubiera seguido consumiendo. Ahora hay cosas que no podrán hacer nunca más, pero muchas otras que sí. De hecho, asegura que lo vive todo más intensamente que nunca: «Il aprendí que no podemos estar siempre felices, hay que aceptar todas las situaciones que te pasan». La rutina, el deporte, la buena alimentacion y hacer cosas que le apasionan, como ir a la opera, son ahora sus reglas.

Desde que vive limpio, Balam ha sido capaz de crecer profesionalmente. También como ser el chef de Moments, dirige junto a su socio, Murilo Rodrigues Alves, el restaurante El Drac de Calella, en el hotel Sant Jordi, y abrió en julio del año pasado Cuina Sant Pau, ubicado donde estuvo el triestrellado Sant Pau de sus padres, pero con un cariz desenfadado y una cocina más asequible, que quieren qu’rezca un poquito más esta próxima temporada. «Es muy bonito ver que ahora está mi restaurante y al lado el bar de mi hermana», reconoce en referencia al lugar donde estuvo el famoso Sant Pau de Carme Rus nameda, que cerró en 2018 después de tres años.

Las drogas en restauración

La restauración siempre ha tenido fama de ser una madriguera de alcohol y cocaína, pero Balam no está de acuerdo con esto. “Hace unos años te hubiera dicho que en la hostería hay mucha droga, pero ahora te diría que no”, reflexionó, meentras explicó que está rodeado de un equipo que no consume nada. “En todas partes hay la misma droga, da igual el trabajo, hay adictos y abusos en todas partes”, defiende.

Lo que sí es cierto es que tiene que rechazar muchas veces una copa para brindar, y en ocasiones hasta ser tajante y brusco, alertando a quien le anima de que no puede hacerlo porque es alcohólico. Dice que ya está acostumbrado a rechazarlo. «Estoy orgulloso de ser dicto recuperado, es la batalla más grande qu’il ganado en la vida y lo quiero contar», resumen. Donde también se expone en el perfil de Instagram. “Tengo muchos odioso, pero me ponen cachondo”, se ríe. «A veces digo que mantengo la cuenta por mis odioso, porque no entiendo cómo puedes seguir a alguien que no te gusta”. Él, ahora, sí se gusta, y no lo esconde.

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