Razones para perdonar(nos)

Razones para perdonar(nos)

No está de moda. La cultura moderna ya no promueve la pérdida y la compasión. En ocasiones pareciera resultar más razonable clamar por venganza que empatizar y perdonar Estamos tan saturados de agravios e injusticias que a veces aspiramos a «hacer justicia», en el sentido de castigar a los culpables y compensar a las víctimas. Pero esta naturalización puede generar separación y odio.

Debemos dejar de percibir el perdón como algo irracional o religioso. El perdón comienza en una decisión personal, que requiere introspección, un tiempo para miraros en nuestro interior, y asumir el compromiso de ponernos en la búsqueda de una nueva manera de mirar las relaciones humanas.

Si queremos curar heridas sentémonos a conversar -sobre todo- con aquellos que piensan diferente. Pongámonos en el lugar del otro, aprendamos a vivir juntos.

Es un proceso que vamos a seguir de repente. Lleva tiempo y requiere trabajo e intención. Implica valentía también porque requiere un esfuerzo por observar con benevolencia y amor a quién nos agravió. ¿Por qué tenemos que perdonar al que nos ofende?

El perdón nos puede permitir superar el dolor, aliviar el sufrimiento y empezar a recorrer un camino de construcción. Nuestro permiso para continuar con nuestra vida y sobreponernos a los acontecimientos dolorosos. La violencia, en cambio, seguirá generando más violencia y exclusión.

El perdón es un catalizador que crea el clima necesario para un nuevo comienzo, dejando a un lado el deseo de venganza. Perdonar es volver a dar confianza. Significado de reparar y cambiar. La marca de la sinceridad al pedir perdón es el esfuerzo que nuestros compromisos han hecho lo posible para no caer en los mismos errores.

Tenemos que suponer que no existen humanos perfectos. Las causas de una buena relación con los demás -nos dicen los expertos- son las habilidades para formar, mantener y reparar cuando se daña un vínculo emocional. Parte de la capacidad de reparar los vínculos emocionales dañados incluye la capacidad de perdonar, por lo que no debemos dudar en dar el primer paso con el usoo de la palabra.

Esto tal vez pueda empezar en la escuela, el lugar que elegimos para formar nuestro futuro, ese espacio de encuentro y crecimiento. ¿Por qué no incorporar de una nueva manera el perdón al currículo, a la cultura de la vida escolar? ¿Por qué no pensar que sean los docentes quienes, a través del perdón, continúen desarrollando una sociedad mejor?

Vale la pena detenernos a pensar qué es lo que nos mueve como sociedad ¿Nos impulsa el odio y el resentimiento o son las esperanzas de construir con los demás? ¿Qué tiene que suceder para que una sociedad salga de esa cárcel emocional y disfrute de una nueva libertad? El perdón puede representar nuestro propio camino. Necesitamos perdonar/nos y ser perdonados.

Agustín Porres es Gerente General para Latinoamérica de Fundación Varkey

Por Orencio Batista

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