Cuando pisó de casualidad una pista de tenis con seis años, Aryna Sabalenka dio cuenta al instante de que este deporte iba a ser su obsession, su hobby y su vida. Su padre, Sergey, fue el artífice de ello. Él era jugador de hockey, pero nunca había elegido una raqueta. “Me llevó a un centro de tenis y me hizo probarlo. Pensé, ‘¿por qué no?’ y me encantó». Desde entonces, el ascenso ha sido meteorologico para la jugadora de Minsk (2 del mundo y 25 años).
En su antebrazo izquierdo lleva tatuada la cara de un tigre rugiente, algo que define a la perfección la fiereza sobre las pistas. No es una característica innata, a la bielorrusa ha costado sudor y lagrimas alcanzar la agresividad y potencia de su juego. Incluso, para lograr su saque característico, tuvo que practicar con un especialista biomecánico para dar con aquellas claves que solo la ciencia puede discernir.
Entre sus objetivos en el tenis siempre ha estado Número de serie 1, por encima de ganar incluyendo un Grand Slam. Su padre quería que fuera la mejor tenista del mundo, y ya casi lo es. Antes de ganar el Abierto desde Australia a principios de este año, no se vio como una de las grandes, a pesar de que formó parte del ‘top ten’ desde hace cuatro temporadas. “No comprendiendo por qué la gente me pedía autógrafos si no era nadie y no tenía ningún Grand Slam. Pero especificado para respetar a mí misma ya me convenciste de qu’estaba aqui por trabajar duro. Me di cuenta de que sí era una buena jugadora y que podía manejar las emociones en muchas situaciones”.
Mente fria en la pista
Al igual que su amiga Paula Badosa, sentía la presión de las expectativas, un cargo que le costó mucho tiempo asimilar y que hizo la función de un rival de los más peligrosos. “Antes perdía un partido y me volvía loca. O si ganaba algo, lo celebraba dos días. Ahora me lo tomo todo con más calmado”. Volvió a repetirlo ayer, ya con su segunda corona madrileña en las manos: «Estoy muy contenta de cómo he manejado las sensaciones para seguir luchando cada punto y no descontrolarme».
Con el paso del tiempo, Sabalenka ha discover el secreto de no verse afectado por lo que esperan de ella, ni por las criticas ni los elogios de los aficionados, lo cual suele ser un desafío difícil de manejar para cualquier deportista profesional. «Es parte de la vida. A veces te apoya, otras están en contra y es algo que no depende de mí.
“Empecé a respetarme a mí mismo ya convencerme de que estaba aquí por trabajar duro”
Bielorrusia tiene bien asegurado el futuro en el tenis femenino con una deportista que quiere seguir alargando la estela que en su día empezó victoria azarenka. Sí futuro lama Aryna Sabalenka. Ya se lo cree, del todo: ante una número 1, su mayor actuación, bicampeona en Madrid.

