
Todavía no está claro qué reforma de las tasas europeas propone Alemania, pero se va perfilando la que no le gusta: la propuesta de Bruselas. Su ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, ha plantado este martes en la capital comunitaria sus líneas rojas, que consen en esencia en que los estados miembros con altos índices de endeudamiento comprometerán debense a reducirlo mediante unas reglas y no sujetos como una negociación. Una de las claves del rechazo de Lindner es la propuesta del Ejecutivo de Ursula von der Leyen de crear vía individuos de reducción de deuda con reglas distintas para cada país.
Lindner ha aconsejado al Comisario Europeo de Economía, Paolo Gentiloni, durante la visita a este último último a la capital alemana para sondar al Gobierno de Olaf Scholz a finales de enero: «Tenemos dudas de que la propuesta de la Comisión conduzca a una senda confiable de reducción de deuda pública”, dijo abiertamente Durante la comparecencia conjunta ante los medios.
Esta semana, en vísperas del Ecofin (consejo de los ministros de Economía y Finanzas de la UE), el alemán ha querido dejar todavía más clara su posición en un artículo de opinión en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. “Debe preservarse el carácter multilateral del conjunto de supervisión fiscal. No debe haber caminos especiales para Estados individuales”, escribe, contundente, Lindner, disparando así a uno de los pilares de la propuesta de reforma presentada por el Ejecutivo comunitario en noviembre pasado.
Mientras, Bruselas insta al Veintisiete a acordar una reforma lo antes posible, idealmente en el mes de marzo, en la próxima reunión del Ecofin, pero Berlin no parece tener la misma prisa, o bien anticipa que el acuerdo no está a la vista . Lindner aseguró que se debe discutir con los socios europeos las «diferencias y similitudes» de sus enfoques durante «las próximas semanas». Con un objetivo claro: en los Estados miembros con deuda elevada, «las reglas deben conducir a una reducción notable de manera rápida, creíble y sostenible». Las posturas están muy alejadas, a juzgar por cómo describe Lindner las negociaciones: “Estamos al comienzo”, señala.
Las reglas tax, recogidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, están suspendidas hasta finales de este año, el tercero después de la pandemia obligara a activar la llamada cláusula de escape en 2020. La reforma del pacto, el main debate economic del año en Bruselas, no va a tocar dos de sus tres pilares — que el déficit público anual no supere el 3 % y que dispone la deuda se mantenga por debajo del 60 % — pero sí el tercero, que cómo reducir el endeudamiento cuando supera ese límite.
Los Veintisiete están de acuerdo en modificar la regla del 1/20, según la cual la deuda debe reducirse a una ritmo de una veinteava parte cada año. Bruselas propone establecer ritmos individuales de reducción del pasivo, forma que cada país negocie con Bruselas las condiciones para hacerlo en períodos de cinco años más dos. Hasta ahora la norma preveía sanciones en caso de incumplimiento, que en realidad nunca fueron efectivas.
«Los objetivos deben ser tan realistas que no sirvan de excusa para no aplicarlos», apunta Lindner en el diario alemán. El ministro dice que se puede contemplar «que se flexibilice el calendario de reducción de la deuda, pero no la dirección de la reducción de la deuda». A su juicio, debe ser posible «ampliar el espacio fiscal para la inversión, de forma que se respete la senda de reducción de la deuda pública en el marco de los objetivos presupuestarios a medio plazo».
Lindner, un conocido halcón fiscal cuyo partido no pasa por su mayor momento después de haber quedado fuera del Parlamento regional de Berlín tras las elecciones de este domingo, alertó de que Europa “no necesita una carrera de subvenciones y deuda”. «La mejor contribución que podemos hacer ahora en política fiscal a la modernización, la prosperidad y, por tanto, la sustentación de Europa es la estabilidad fiscal», subraya.
El texto ensalza las normas tax europeas, a las que califican de «ancla de la estabilidad de nuestra unión económica y monetaria». “No son un fin en sí mismos. Tampoco son una cuestión de negociación e interpretación variables”, alerta respecto a los acuerdos bilaterales.
Lindner dice estar muy preocupada por los altos niveles de deuda y los costos asociados por el creciente aumento de los tipos de interés. «Si un Estado miembro incumple permanentemente las reglas, esto tendrá consecuencias negativas para todos los Estados», advierte, y recuerda que apenas ha pasado una década desde la última crisis de deuda. Yañade: “Demostró que los recortes duros son necesarios una vez se duda de la confianza de las finanzas estatales”.
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