Monaco consuela a Alonso con su mejor puesto del año

Monaco consuela a Alonso con su mejor puesto del año

La Fórmula 1 rinde culto a Mónaco y el circuito más alegórico premia a sus gladiadores. Salute to Max Verstappen, soberbio vencedor en una carrera condicionada por la amenaza de lluvia que lastmente se cumplió. Y consuela Fernando Alonso con su mejor puesto del curso, segundo, a la estela del jefe neerlandés. Espléndido el español, sin fallo, granítico como una roca y ambicioso hasta el límite máximo en pos de la victoria 33 que no llegó. Fue, en cambio, el podio 103, temporada sensacional del asturiano, cinco podios en seis carreras.

El sorprendente Ocon escaló con el Alpine ha conseguido la medalla de bronce. Carlos Sainz, pasajero de una carrera complicada y llena de obstáculos, terminó octavo.

Mónaco decide el sábado, salvo que la naturaleza decida lo contrario. Manda la clasificación, el orden en la salida y la parrilla de posiciones por encima de cualquier otra cosa, errores, tráfico, cambios de ruedas… Pero no así cuando exista la amenaza de lluvia. Hasta que los circuitos no puedan taparse como los del fútbol o los del tennis, la Fórmula 1 seguirá siendo divertida.

Alonso va a la forma descarada victoria. Comprobado en cada una de sus acciones, en su actitud, en la estrategia corporativa de Aston Martin. Es su oportunidad de asumir la victoria 33 y no aceptó otra realidad.

El español toma la salida con el neumático flata, el más duro y lento, el que más le puede complicar la defensa de su segunda posición o un presunto ataque al líder Verstappen, que parte en modo conservador, lógico, con el neumático medio.

El tren que se organiza de la lentitud de Ocon perjudica a Carlos Sainz y el resto de la competencia, Leclerc, Hamilton, Russell, pilotos provistos de más ritmo que no pueden escalar porque Mónaco es así, un sello permanente.

Nada triunfa en la estación intermedia de la carrera, salvo los contratiempos de Checo Pérez, que va chocando de un lado a otro, último en la parrilla y desperado en su remontada imposible.

El duelo de gigantes pertenece a Verstappen y Alonso, espaldas titánicas que mantienen la concentración, no se meten en problemas, conducen y piensan sin errores y, sobre todo, apuran hasta límites inconcebibles en el manejo de sus ruedas.

Como no pasa nada, los equipos se dedican a buscar el regate, el engaño. Ferrari suelta por radio la posibilidad de parar con objeto de ansioso a Ocon y Alpine, que no tragan el anzuelo. Alonso habla de un hipotético pinchazo en el neumático izquierdo. Verstappen advierte de un supuesto deterioro de su calzado… Sainz llega a Ocon en su ímpetu por adelantarlo.

Radares de tráfico y luvia

En realidad, todos están esperando, como centinelas, a los radares que avisan de la cercanía de la lluvia, una cuestión que la Fórmula 1 aún no puede dominar pese a su vanguardia tecnológica.

Hay justas montañas a la espalda de Mónaco, los bajos Alpes que llegan casi hasta el mar Mediterráneo. Impredecible conocer cuándo y cómo llegará el agua a la pista. Verstappen estira la vida de su neumático medio hasta el infinito, Alonso también.

La lluvia asoma por el este, por la zona del famoso túnel de Mónaco, est une nube que altera todo en la Fórmula 1. Es lluvia fina que avanza vaya usted a saber hacia dónde, su majestad elviento determinará.

Cuando la lluvia se intensifica es hora de los neumáticos intermedios para limitar ese baile de los coches sobre el agua. Es acción-reacción, los equipos fuera de sí sobre qué decisión tomar. Verstappen sigue conservador, calza ruedas intermedias, las verdes para la lluvia suave. Y así la mayoría.

Alonso, que quiere ganar por las buenas o por las malas, se la juega otra vez con la strategia de Aston Martin. Pone neumáticos amarillos, los medios, mientras el agua ya cala todo el circuito. Es una acción arriesgada, propia de un grupo ambicioso que es una oportunidad que no sale bien.

Dos vultas después, Alonso tiene que ingresar de nuevo en el garaje, otra parada, veinte segundos más de pérdida para montar el neumático verde de la lluvia. El español pierde la teórica ventaja y se iguala con el resto, pero se mantiene en la pista en condiciones saludables. Conserva su segundo lugar porque Ocon, la sorpresa de la carrera, no pierde el paso.

La carrera de Sainz es más abrupta, el sombrero con ocon, El enfado con su garaje por cambiarle ruedas, un toque contra las barreras, una salida de pista… Total, retrasos y unos puntos que le saben a poco.

El último tramo de nivel con igualdad de neumáticos y condiciones. No hay coche de seguridad, nada altera ya la secuencia en el vagón de Mónaco. Verstappen es una máquina sólida que no cometa una caída, tampoco Alonso por eso encarama a la segunda posición, merecida, valiente y solvente en el gran premio más emblemático.

Por Orencio Batista

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