febrero 26, 2024

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Netanyahu rechaza la propuesta de 135 días de tregua en Gaza: “Rendirse a Hamás solo invitaría a una nueva masacre” | Internacional

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El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha rechazado este miércoles las contrapartidas que pide Hamás por entregar a los 136 rehenes que quedan en Gaza: 135 días de alto el fuego, la excarcelación de hasta 1.500 presos palestinos, la retirada de las tropas israelíes de toda la Franja, la entrada de más ayuda humanitaria, el comienzo de la reconstrucción del territorio y la negociación indirecta del fin definitivo de la guerra. Sus palabras alejan las opciones de una tregua cercana. “Rendirse a las exigencias delirantes de Hamás solo invitaría a una nueva masacre”, como la del 7 de octubre. “No hay más solución que la victoria total” y esta se encuentra “al alcance de la mano”, ha señalado en una rueda de prensa en Tel Aviv, en la que ha subrayado que “el día después [de la guerra] es el día después de Hamás”. “No de parte de Hamás, sino de todo Hamás”, ha puntualizado. Netanyahu responde así a la propuesta que el movimiento islamista ha entregado a los países mediadores. El responsable de la diplomacia de uno de ellos, Estados Unidos, Antony Blinken, ha asegurado a última hora del día, tras debatir el documento con sus interlocutores en Israel, que “tiene partes imposibles de cumplir”, pero hay “espacio para alcanzar un acuerdo”.

Según un borrador de la contrapropuesta de Hamás consultado por la agencia Reuters, el pacto se implementaría en tres fases de 45 días. En la primera, Hamás entregaría a las mujeres, los hombres menores de 19 años y mayores de 50 y los enfermos, a cambio de la excarcelación de mujeres y niños palestinos en un ratio que se fijaría más adelante. El ejército israelí ―que justo opera ahora con intensidad en Jan Yunis, la segunda ciudad de Gaza, y pretende penetrar en breve en la tercera, Rafah― tendría que retirarse de las zonas urbanas. Luego sería el turno de los rehenes varones. Las tropas israelíes tendrían que abandonar todas las partes de Gaza. Esta segunda fase no comenzaría hasta que las partes acordasen a través de mediadores “los requerimientos necesarios” para poner fin a la guerra de forma definitiva.

Una mujer sostiene un cartel con fotografías de los jóvenes asesinados en el festival Nova por Hamás, el 7 de octubre.Ariel Schalit (AP)

Por último, Hamás entregaría los al menos 31 cadáveres que tiene en sus manos. Algunos los introdujeron ya sin vida sus milicianos durante el ataque del 7 de octubre, conscientes de que Israel ha pagado en el pasado un precio por traerlos de vuelta. Otros, en un número imposible de determinar, habrían perdido la vida en los propios bombardeos israelíes o de otras formas.

El diario libanés Al Ajbar aporta detalles que figuran en un anexo y trascienden a la situación en la Franja. Hamás quiere que la tregua esté garantizada no solo por los actuales mediadores (Qatar, Egipto y EE UU), sino también por dos países más cercanos a los palestinos: Turquía y Rusia. Además, plantea el regreso en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén a la situación previa a 2003, cuando el Gobierno de Ariel Sharon volvió a permitir ―sin la luz verde de la fundación dependiente de Jordania que administra el lugar― la entrada a no musulmanes, que ahora aprovechan grupos judíos ultranacionalistas.

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1.500 reclusos palestinos

El grupo cifra en su propuesta el número de reos palestinos que aspira a liberar a cambio durante este proceso: 1.500. Es una proporción muy inferior al canje por el soldado Guilad Shalit en 2011 por más de un millar de reos, pero tres veces superior a la del canje efectuado en última semana de noviembre, en el marco del cual recobraron la libertad 80 rehenes y 240 presos palestinos. No es posible saber qué parte del total supondrían los 1.500, porque Israel no proporciona cifras oficiales. Las ONG de derechos humanos y de los presos los sitúan entre 9.000 y 10.000, tras la oleada de arrestos en Gaza y Cisjordania a raíz de los ataques del 7 de octubre. Hamás quiere elegir un tercio de los nombres de entre quienes cumplen cadena perpetua.

Según el diario libanés, el movimiento islamista exige que los gazatíes tengan libertad de movimiento entre las distintas partes de Gaza durante el alto el fuego y que enfermos y heridos puedan salir a través del paso de Rafah para ser tratados en Egipto. También la construcción de casas temporales y grandes campamentos de desplazados con tiendas de campaña, a un ritmo de 50.000 semanales; que Israel se comprometa a reanudar el suministro de electricidad y agua (como le obliga el derecho internacional), y que, entre los excarcelados, haya también palestinos con ciudadanía israelí.

Es la contrapropuesta de Hamás al documento que forjaron hace dos semanas en París los mediadores y el Mosad, el servicio secreto de Israel en el exterior. Blinken la recibió este martes en Doha (Qatar, otro de los países mediadores) y la ha analizado este miércoles en Jerusalén con Netanyahu. El presidente estadounidense, Joe Biden, ya la calificó anoche de “un poco excesiva” y Blinken ha admitido este miércoles en Jerusalén que “queda mucho trabajo por hacer”. El primer ministro catarí, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, la llamó “positiva”, sin entrar en detalles.

Antony Blinken y Benjamín Netanyahu se saludan antes de su reunión en Jerusalén, este miércoles.GPO/Amos Ben Gershom HANDOUT (EFE)

Netanyahu rechaza terminar la guerra a cambio del regreso de los rehenes, al considerar que supondría cumplir solo uno de los tres objetivos de la guerra que lanzó tras el ataque masivo de Hamás el 7 de octubre y que ha dejado más de 27.000 muertos (en su mayoría mujeres y menores), creado una crisis humanitaria y dejado en escombros zonas enteras. Los otros dos objetivos son “destruir a Hamás”, tanto en lo político (gobierna Gaza desde 2007) como en lo militar, y “asegurar que Gaza no vuelva a suponer una amenaza”. Desde hace días, repite dos ideas con frecuencia: “No retiraremos al ejército y no liberaremos a miles de terroristas […] Nada de esto sucederá. ¿Qué sucederá? ¡La victoria absoluta!”, manifestó el pasado 30 de enero.

El asunto pone en riesgo la estabilidad del Gobierno israelí en un momento en el que aumentan los llamamientos a elecciones anticipadas y los familiares de los rehenes y parte del arco político empujan por un segundo intercambio. Un 38% de la población quiere que se celebren “cuando acabe la guerra” y un 33% directamente en tres meses, el mínimo legal para organizarlas si se convocasen hoy, según el último Índice de la Voz de Israel, el sondeo difundido este martes por el centro de análisis Instituto Israelí para la Democracia.

Los aliados ultraderechistas de Netanyahu amenazan con abandonar el Ejecutivo si el canje sale adelante en los términos en los que se estudia. Por el contrario, la oposición presiona a Netanyahu a apostar por el intercambio. Lo hacen desde dentro aquellos que se unieron al Gobierno de concentración creado ex profeso para la guerra. Y, desde fuera, el anterior primer ministro, Yair Lapid, que ofrece día sí y día no a Netanyahu una “red de seguridad” sin condiciones para sacar adelante el canje, bien entrando a la coalición para compensar la salida de la ultraderecha, bien con sus votos en el Parlamento.

Niños palestinos observan las viviendas y vehículos destruidos por un bombardeo israelí, este miércoles en Rafah, al sur de la Franja. Mohammed Talatene (dpa/ picture alliance/ Getty)

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